El divorcio puede afectar a nuestra salud

Los divorcios cada vez son más habituales en nuestra sociedad y, aunque socialmente se han normalizado, lo cierto es que son una experiencia dura por la que muchas personas pasan a nivel emocional, familiar y hasta económico.

Cada divorcio es distinto

Eso sí, no todos los divorcios son los mismos; existen muchos de ellos que pueden terminar siendo conflictos largos y que desgastan a las personas. Otros, pese a la dificultad, se gestionan de una manera más responsable y respetuosa.

Justo en estos últimos casos es donde suele hablarse del concepto de “buen divorcio”. Desde luego que no se quiere suavizar o romantizar una ruptura, sino ser conscientes de que la manera en la que se produce puede llegar a marcar el bienestar a futuro de toda la familia.

Por todo ello, en un proceso legal como es el del divorcio, el contar, como nos dicen los profesionales de la abogacía de Pérez Caballero, con un despacho de abogados experto en derecho de familia no es un detalle secundario, sino que pasa a ser una pieza realmente importante para que todo salga bien.

¿Qué es lo que se entiende por un buen divorcio?

Aunque ya hemos hablado sobre este concepto unas líneas más atrás, cuando tuve que hablar con un compañero de trabajo que se estaba divorciando, me di cuenta de que, a veces, no se entiende bien en qué consiste este concepto. Vamos a hablar un poco más sobre el tema.

Pese a que, como tal, hablar de un buen divorcio puede sonar algo contradictorio, lo cierto es que se trata de un proceso donde se le da prioridad al equilibrio, al respeto y a la estabilidad futura por encima del conflicto existente en ese momento.

Un buen divorcio debe implicar:

  • Toma de decisiones desde la tranquilidad y no ser impulsivos
  • Buscar acuerdos que se puedan sostener en el tiempo
  • Evitar que se convierta el proceso en una lucha de poderes.

Reducción del impacto emocional en todas las partes implicadas

Está claro que en una situación de estas existe el dolor y es habitual que haya desacuerdos, pero debe gestionarse el divorcio de forma constructiva por el bien de todos.

Al final, los divorcios dejan de ser el final traumático de una relación y se convierten en una transición hacia una nueva etapa de la vida.

El impacto del divorcio en la salud emocional

La salud mental es siempre fundamental y en el divorcio suele quedar bastante afectada. No hay que olvidar que la ruptura de una relación de pareja implica un periodo de duelo, de cambios en las rutinas, de inseguridades y, por experiencia propia, sé que un gran miedo respecto al futuro.

Si procesamos mal el divorcio, es posible que aparezcan consecuencias como:

  • Ansiedad prolongada
  • Estrés crónico
  • Problemas de sueño
  • Sentimientos de culpa o frustración
  • Deterioro de la autoestima.

El caso es que, cuando manejamos el divorcio con la ayuda de profesionales y una buena estrategia, los efectos suelen reducirse de manera importante. Hay bastantes personas que incluso tienen una mejora emocional a medio plazo, en especial cuando la relación en la que se encontraban era conflictiva.

El papel de los hijos: un factor que es clave

En el caso de que existan hijos en la relación, lo cierto es que el divorcio pasa a tener otra dimensión. No hablamos solamente de dos personas que toman la decisión de separarse, sino de una estructura familiar que se debe reorganizar.

Los menores tienen una mayor sensibilidad respecto al clima emocional que les rodea en su vida. No precisan tener una familia ideal, pero sí que el entorno en el que vivan sea lo más estable posible y esté libre de conflictos de manera constante.

La protección de los hijos en un buen divorcio lo que hace es proteger a los hijos en distintos niveles:

  • Evitan que se vayan a sentir responsables de la ruptura
  • Se les debe mantener al margen de discusiones y decisiones de adultos
  • Ayuda a que haya una mejor relación con los dos progenitores
  • Establecimiento de rutinas claras que les aporten una mayor seguridad.

Un ejemplo bastante habitual y triste es el de las parejas que, después de haberse separado, siguen usando a sus hijos como mensajeros e intermediarios. Esta clase de situaciones terminan generando una carga emocional que puede evitarse si se realiza todo con una buena planificación y asesoramiento.

Divorcio contencioso vs. mutuo acuerdo

Está claro que no todos los divorcios se van a tramitar de la misma forma, y este tipo de diferencias influye de forma directa en la experiencia de las partes.

Los divorcios contenciosos suelen ser más complejos y se generan más conflictos. En ellos hay que tener claro que no existe el acuerdo entre las partes, por lo que el juez es el que debe tomar las decisiones pertinentes.

Todo ello tiene como efecto que los procesos suelen dilatarse más en el tiempo, hay mayores costes económicos, mayor desgaste emocional y los resultados de la justicia son menos personalizados.

Por otra parte, en los divorcios de mutuo acuerdo, las partes pueden mantener el control sobre las decisiones. Además, es bastante más rápido, económico y genera menos daños en el terreno emocional.

Eso sí, no es menos cierto que llegar a un acuerdo no siempre es sencillo. Justo aquí es donde el papel que tiene un abogado es vital.

La importancia de elegir bien al abogado

No debemos tomarnos la elección del abogado a la ligera. En los procesos de divorcio, el profesional que asesora influye de manera directa en el resultado final y en la forma en la que se vive todo el proceso.

Los abogados que están especializados en derecho de familia, además de conocer la normativa en el terreno legal, también saben entender la carga en el terreno emocional que conlleva cada caso en cuestión.

La función que tienen no es solo la de defender los intereses de su representado, sino que también deben saber orientar, mediar y evitar que se produzcan conflictos innecesarios.

¿Cuáles son sus funciones principales?

  • Deben explicar claramente los derechos y obligaciones de sus representados.
  • Realizar la proposición de soluciones realistas
  • Evitar decisiones impulsivas que pueden ser perjudiciales a más largo plazo
  • Facilitar la negociación entre las partes
  • Proteger el interés superior de los hijos.

Respecto a todo esto, el contar con un despacho que esté especializado en estos temas ayuda a poder abordar este proceso de una manera sólida, donde se combinen los conocimientos jurídicos y la experiencia práctica.

¿Qué diferencia a un despacho especializado?

Está claro que todos los abogados no son iguales y que tampoco cuentan con la misma preparación para abordar la gestión de todos los divorcios. Hay que tener en cuenta que el derecho de familia es una rama bastante específica del derecho y donde se precisan una serie de habilidades muy concretas.

Contar con un despacho que sea especialista en el derecho de familia ayuda, pues tiene:

  • Experiencia en casos parecidos
  • Capacidad para poder anticiparse a los problemas más comunes
  • Conocimiento actualizado de la legislación existente
  • Trato empático y cercano.

De igual forma, acostumbran a trabajar con un enfoque más humano, puesto que entienden que detrás de cada caso existe una historia personal de mayor complejidad.

La mediación: una herramienta cada vez más relevante

En estos últimos años, la mediación ha ido ganando mucho protagonismo y ahora es una alternativa bastante interesante al clásico conflicto judicial. Hablamos de un proceso en el que un profesional neutral lo que hace es ayudar a las partes a que alcancen acuerdos.

La mediación no sustituye al abogado, pero sí que lo complementa. Pensemos que bastantes despachos lo que hacen es integrarla dentro de los servicios que realizan.

Ventajas más importantes:

  • Menos tensión entre las partes
  • Ayuda a la comunicación
  • Permite que haya soluciones adaptadas a cada familia
  • Se ahorra tiempo y dinero.

Quizá es posible que con un ejemplo se vea más claro: en vez de estar discutiendo por espacio de meses sobre el régimen de visitas, las partes pueden acabar trabajando juntas para el diseño de un calendario que se adapte a sus horarios reales.

El impacto económico que tiene el divorcio

Además de lo emocional, hay que considerar que el divorcio tiene una serie de consecuencias en el plano económico de gran importancia. Una mala gestión puede acabar generando problemas de índole financiera por espacio de años.

Entre los aspectos más importantes podemos hablar de:

  • Reparto de los bienes y del patrimonio existente
  • Uso de la vivienda de la familia
  • Pensión alimenticia y compensatoria.

Uno de los errores habituales es el hecho de aceptar acuerdos sin que se valore el impacto a largo plazo. Esto puede ocurrir cuando se cede el uso de la vivienda y no se tiene en cuenta la capacidad económica de cara al futuro.

Cuando hay un asesoramiento legal adecuado, es posible analizar cada decisión que se tome con perspectiva, lo que puede evitar problemas más adelante.

¿Cuáles son los errores más habituales en los divorcios?

Durante muchos años, los profesionales del derecho de familia lo que hacen es identificar una serie de patrones que se van repitiendo en multitud de casos, como:

  • Se actúa desde el resentimiento o el enfado
  • Se da prioridad a ganar, en vez de a resolver
  • Usar a los hijos como una herramienta para presionar
  • No se informa bien antes de tomar decisiones
  • Escoger un abogado que no tenga experiencia en derecho de familia.

Todos estos errores de los que hablamos terminan por hacer que el proceso se complique, lo que puede tener graves consecuencias a futuro.

¿De qué manera se puede afrontar el proceso?

Pese a que el tema legal es fundamental, no debemos olvidarnos de la dimensión a nivel personal que tiene el divorcio. Las claves más importantes son:

  • Aceptar que es un proceso que lleva mucho tiempo
  • Evitar que se tomen decisiones de forma precipitada
  • Buscar apoyo a nivel emocional cuando sea preciso
  • Mantener costumbres que ayuden al bienestar, como el deporte, el descanso o las rutinas.

El divorcio como punto de inflexión

Pese a que al principio nos pueda parecer solamente una pérdida, hay que tener en cuenta que el divorcio también puede suponer una oportunidad para el cambio. Bastantes personas, después de atravesar el proceso, lo que hacen es reconstruir su vida de forma más clara y estable.

Todo esto sucede cuando:

  • Se gestiona el proceso con orden
  • Hay acuerdos justos
  • Evitaron un conflicto prolongado.

Los buenos divorcios no eliminan el dolor, pero sí que evitan el sentir más sufrimiento del necesario.

Se hace necesario pensar a largo plazo

Uno de los temas más importantes es no centrarse solo en el presente. Las decisiones que se tomen durante el divorcio van a tener efectos, tanto a medio como a largo plazo.

Se debe optar por resolver y no por alargar el conflicto. Existen despachos de abogados que, en lugar de ponerse manos a la obra en la búsqueda de soluciones, optan por alimentar más el conflicto, algo que no hace bien a las partes y dilata el proceso.

Los despachos buenos dan prioridad a los acuerdos razonables, evitan enfrentamientos innecesarios, buscan soluciones prácticas y tienen visión a más largo plazo.

Conclusión: separarse bien también es cuidar de la familia

Los divorcios no son sinónimos de conflictos. Pese a que, sin duda alguna, es una etapa que no es fácil, sí que es cierto que puede ser una oportunidad para reorganizar la vida familiar de manera más saludable.

Eso sí, no olvides que la clave está en la forma en la que se afronta: con información, el debido apoyo por parte de profesionales y siempre tener una actitud que se oriente a la resolución del conflicto.

Lo que debes tener claro es que un buen divorcio ayuda a proteger la salud emocional, permite cuidar de los hijos, evita problemas de cara al futuro y se puede cerrar una etapa con el debido respeto. En este camino, no debes olvidar que elegir un despacho de abogados que esté especializado en derecho de familia no es solamente un tema legal; será una decisión que impactará de forma directa en el bienestar familiar.

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