La elección de un plato de ducha para el baño es una de esas decisiones que cobran más importancia de lo que en un principio pueda uno pensar: condicionan la seguridad, el confort diario y también el aspecto de este espacio por bastantes años.
Con tantos materiales y oferta, es complicado perderse: por todo ello, lo mejor es seguir un orden lógico y pensar bien en qué necesitas antes de elegir uno de los muchos que haya en el catálogo.
Empezar por el baño que tienes y el uso que haces
Tal y como pude leer en el blog de Outlets Bath las nuevas tendencias que aparecen en los muebles de baño pueden realmente transformarlo. Eso sí, antes de ponerse a mirar materiales y colores, hay que ver bien en qué clase de baño se instalará el plato.
Se hace vital conocer el tamaño, la forma, las entradas de luz y cómo se utilizará en el día a día. No se plantea de la misma forma un plato para un baño pequeño en el que conviven niños y personas mayores que si es un aseo amplio que es usado casi como un “spa” personal.
Lo que hacen los expertos es recomendar tres datos básicos: ancho y largo reales del hueco en el que va a ir la ducha y la posición que tendrá el desagüe respecto a las paredes, ya que eso condicionará las posibilidades que tendrá la instalación.
Del mismo modo, adquiere gran importancia saber si se desea sustituir la bañera por un plato, que es lo más común en las reformas hoy en día, y conocer hasta qué punto vas a querer entrar en obra en el baño (cambio de grifería, azulejos, mampara, etc.).
Medidas, forma y altura de entrada
Una vez que se tiene claro el espacio, lo que se debe hacer después es elegir bien el tamaño, la forma y la altura que tendrá el plato. Si los baños son pequeños, lo que hacen las guías especializadas es aconsejar platos que sean cuadrados o semicirculares, que van desde los 60 cm hasta los 100 cm de ancho, los cuales se encajan en esquina y aprovechan bien el espacio.
Cuando el baño sea más amplio, se puede optar por platos que sean rectangulares de hasta 2 metros, los cuales permiten poderse duchar cómodamente y cuentan con área de secado dentro del mismo plato. La altura de la entrada es fundamental si en casa existen personas que tienen movilidad reducida o solo si se desea evitar tropiezos: los platos extraplanos, de unos 2 a 3 cm, hacen que sea más fácil pasar casi a ras de suelo y proporcionan un aspecto de mayor limpieza y modernidad.
Lo que no debes olvidarte antes de decidirte por un extraplano es revisar si existe una altura que sea suficiente para colocar el sifón y crear así la pendiente adecuada hacia el propio desagüe.
Seguridad y antideslizamiento: evitar sustos
Una de las áreas en las que se producen más accidentes domésticos es el baño y aquí se puede decir que el plato de ducha tiene un papel directo en dicha estadística. Por todo ello, las marcas insisten en que el material que se elija tenga una superficie antideslizante con certificaciones que lo avalen, de tal forma que no haya que estar recurriendo a alfombrillas que acaben siendo escasamente higiénicas.
En nuestro país, el Código Técnico de la Edificación exige que se justifique la resbaladicidad en áreas húmedas y, para platos de ducha, es recomendable buscar la clase 3 según UNE-ENV 12633 o categorías B o C de la norma DIN 51097, ideadas para pies descalzos en superficies mojadas.
Elegir un plato con estas garantías es especialmente importante si hay niños, personas mayores o simplemente si quieres ducharte con tranquilidad sin pensar en si vas a resbalar.
¿Cómo deben ser los materiales y de qué forma se comportan?
En cuanto se fijan las medidas y las formas, es lógico hacerse la pregunta sobre el material que se quiere en el plato de ducha. Los materiales más comunes actualmente son:
- Cerámica/porcelana: clásica, resistente y duradera, que tenga una magnífica respuesta al paso del tiempo cuando el esmalte sea de calidad.
- Acrílico: ligero y de mayor calidez al tacto que la clásica cerámica, antideslizante en bastantes modelos y sencilla a la hora de ser instalada.
- Resina y carga mineral: bastante de moda en las reformas actuales, las cuales permiten platos que son extraplanos, los cuales se pueden cortar a medida y ofrecen superficies antideslizantes de alta clase..
- Piedra natural y composites tipo “solid surface”: de gama más alta, que tienen un tacto agradable y una resistencia y estética de lo más cuidada.
- Platos de poliuretano o poliéster reforzado: son unas soluciones más recientes, ligeras y antideslizantes como el poliuretano, en los que hay modelos híbridos de poliéster orientados a precios competitivos.
Cada material tiene sus puntos fuertes y otros que lo son menos
La cerámica podemos decir que aguanta casi todo, pero es posible que sea más fría y que resbale cuando no se tiene tratamiento específico. La resina y la carga mineral ofrecen diseño, corte a medida y son antideslizantes, pero son más caras.
Los acrílicos y algunos composites modernos lo que hacen es equilibrar el peso, la resistencia y el confort, algo muy a valorar en el caso de que se quiera que la instalación sea bastante más sencilla.
Además del nombre comercial, debemos fijarnos en tres datos de la ficha técnica: grado de antideslizamiento, nivel de porosidad y resistencia a golpes y a los productos químicos.
Desagüe, pendiente y funcionamiento diario
Aunque un plato puede ser realmente bonito, si el agua no acaba de evacuar bien, la experiencia será bastante mala. Los instaladores insisten en que es necesario que haya una pendiente suficiente hacia el propio desagüe, de tal forma que se eviten los charcos y el agua estancada.
Del mismo modo, es conveniente pensar en la clase de desagüe: rejillas visibles metálicas, modelos integrados en el propio diseño del plato o lineales tipo canaleta. Hay platos hechos en resina o con carga mineral con los que es posible hacer el frente con el mismo material, lo que puede crear una estética bastante limpia y que facilitará que el agua se pueda llevar totalmente.
Algo que es interesante hacer es preguntar si el sifón será accesible, si se va a poder abrir o limpiar de manera sencilla, un detalle práctico que agradecerás cuando tengas que eliminar el cabello o la suciedad.
Estética y estilo del baño
En cuanto se resuelven ya los aspectos más técnicos, es turno de encajar el plato en el estilo del baño. Si se reforma únicamente el área de la bañera. Es posible que quieras que el plato esté integrado en los azulejos existentes; en otros casos, es posible que sea interesante aprovechar para que se distinga la ducha con un frente de resina, mosaico o revestimiento vinílico que pueda marcar un área visual distinta.
Los fabricantes en la actualidad disponen en su catálogo de platos en distintos colores y texturas: los hay que imitan el cemento, mármol, madera o pizarra, así como tonos lisos que encajan bien en los baños minimalistas.
La recomendación habitual es el mantenimiento de un criterio coherente con el resto del espacio, de tal manera que el plato ni parezca un “parche” añadido con prisas, sino parte de un conjunto bien pensado.
Cuando tu baño sea pequeño, los colores claros y los platos extraplanos son de gran ayuda para que haya una mayor sensación de amplitud. En los baños más grandes es posible permitirse jugar con contrastes más marcados y formatos XXL.
Presupuesto y tipo de reforma
Todos los proyectos no son iguales. El hecho de cambiar únicamente el plato en un baño que ya esté reformado no tiene el mismo coste que sustituir una bañera por una ducha con cambio de grifería, mampara y azulejos.
En las guías actuales se habla de reformas de cambio de bañera por un plato de ducha en un rango que va de los 1500 euros hasta otros que pueden hasta pasar de los 4.000 euros.
Por todo ello, antes de escoger un baño, lo mejor es que se fije un presupuesto realista. Lo normal es que el coste del plato tenga una parte importante, pero no única; eso sí, se le debe sumar mano de obra, posibles cambios en desagüe y grifería, azulejos y mampara. Los expertos recomiendan no apurar demasiado el presupuesto para el plato: es un elemento que se quedará muchos años con nosotros y que, si falla, obliga a obras de cierta entidad.
Mantenimiento y limpieza a largo plazo
Está claro que el mantenimiento no es una de las partes que más emoción suscite, pero también es verdad que es de las cosas que marcan más la experiencia a largo plazo. Los platos que tienen bastante textura o relieves pueden ser bastante bonitos, pero acumulan más suciedad, lo que hace que la limpieza cueste más trabajo. Por este motivo, muchos fabricantes aconsejan superficies que son más lisas, pero con un buen antideslizante; se limpian con esponja y un jabón neutro.
Hacerlo tú mismo o buscar ayuda profesional
El cambio de un plato de ducha o la posibilidad de sustituir una bañera no es una operación fácil, puesto que hay que tener en cuenta los desagües, las pendientes, los sellados y la impermeabilización que, si se hacen mal, se van a traducir en filtraciones y problemas con los vecinos.
Por este motivo, pese a que hay tutoriales y guías DIY, son muchas las fuentes que recomiendan que se tenga al menos una asesoría profesional para la obra, especialmente cuando haya que tocar desagües o alicatar.
Una de las opciones intermedias es la de adquirir el plato en una gran superficie o tienda especializada, en la que se recibe además orientación sobre las medidas, materiales o mamparas, así como contratar a un instalador de confianza para la parte de obra. Otra es la de acudir de forma directa a empresas del sector de las reformas que estén trabajando ya con algunas marcas y que se encarguen de todo: elegir el plato, obra, mampara y de los remates.
Con independencia de la vía elegida, se debe pedir un presupuesto de manera detallada y preguntar por garantías del plato y de la instalación, puesto que es de gran ayuda para poder tomar decisiones con menos temor.
¿Cómo debe ser el orden de decisión para evitar errores?
- Medición del hueco disponible y localización del desagüe
- Elección de la forma y el tamaño del plato dependiendo del espacio y la forma en la que se use el baño
- Decidir la altura de entrada buscando siempre la seguridad y el confort
- Elegir el material y la textura pensando en que sea antideslizante, en el tacto y la limpieza.
- Ajuste del diseño con el estilo del propio baño.
Un plato de ducha a tu medida, no de catálogo
Al final, elegir plato de ducha va de hacer coincidir tres cosas: el baño que tienes, la manera en que lo usas y lo que quieres invertir. Las opciones del mercado son tantas que casi siempre encontrarás una combinación de medidas, material y diseño que se ajuste a tu caso, pero el camino más directo es ir paso a paso y dejarte orientar cuando haga falta.
Cuando nos tomamos el tiempo para medir, pensar realmente quién se va a duchar y qué uso le daremos, es más fácil tomar una buena elección. De igual forma, será más complicado que nos terminemos equivocando en la elección que hagamos. Mucha gente se fija en el apartado estético o en el económico. Está claro que son elementos de gran importancia a la hora de hacer las compras, pero no debemos guiarnos solamente por esto, puesto que puede ser todo un problema a la larga que haga que terminemos contando con un plato de ducha que no responda a nuestras necesidades.
Ello hará que cuando llegue el primer día de uso notes que detrás de esa ducha cómoda y segura hubo algo más que un impulso; fueron decisiones bien meditadas y con unos objetivos claros.


