Las modas más inútiles de la historia y sus consecuencias

moda

Mi tarde del martes empezó bien tranquila… hasta que mis hijas llegaron con el móvil en la mano, enseñándome fotos y vídeos de chicas con brillitos pegados en los dientes, sonriendo como si llevar diamantes incrustados en los incisivos fuera lo más normal del mundo. “Mamá, queremos ponernos esto”. Me soltaron, tan inocentes.

Soy aficionada a la historia… y ya había leído sobre modas dentales absurdas… y este me parecía el comienzo de otra. Eso de ponerse perlitas en los dientes me parecía una bobada, además que, seguro que no era bueno. Así que les planté un “no” rotundo, sin darles más explicaciones.

Y claro, ya me montaron la escenita. Me atacaron con todo tipo de argumentos minimizando aquello y diciendo que todos se lo estaban poniendo y que no pasaba nada. Yo suspire, sabiendo que así empezaban siempre todas las modas. Así que las sentí a mi lado y les dije que les iba a explicar porqué no había que seguir todas las modas y porqué no era bueno hacer siempre lo que todo el mundo hacía.

 

No es la primera moda dental que existe

Los niños y niñas de hoy en día, piensan que esto es algo innovador… Porque, seguro que a nadie se le había ocurrido antes ponerse algo en los dientes que los distinguiera de los demás. Esto viene de muy atrás.

Desde hace miles de años, distintas culturas han usado los dientes como una forma de expresión. Igual que el pelo, la ropa o los tatuajes, los dientes también han sido un lienzo. Lo que pasa es que, visto con ojos de hoy, muchas de esas prácticas nos parecen… bastante extremas u originales.

 

Dientes limados, afilados y modificados

Una de las primeras cosas que les conté fue sobre culturas antiguas en las que limarse los dientes era algo completamente normal. En algunas zonas de Asia y África, por ejemplo, se afilaban los dientes hasta dejarlos en forma de punta. ¿El motivo? Estético, social, incluso espiritual en algunos casos.

Cuando les enseñé imágenes y vi sus caras, no pude evitar soltar una risotada. La reacción fue inmediata: “Mamá, eso da miedo”.

Y claro que da miedo. Pero en su contexto, era belleza. Era pertenecer a un grupo, seguir lo que todo el mundo hacía, demostrar estatus o cumplir con una tradición.

El problema, como puedes imaginar, es que esto no se hacía con anestesia ni en una clínica, esto se hacía a pelo, con herramientas antiguas y rudimentarias… Era doloroso, arriesgado y dañaba por completo la salud dental. Todo aquello causaba infecciones, un desgaste extremo del esmalte y, hacía que incluso las personas tuvieran muchas dificultades para comer.

Entonces les pregunté:
“¿Veis cómo lo que hoy parece bonito, mañana puede parecer una locura?… ¿Acaso las niñas de esa época no querrían hacerse lo mismo, porque los adultos de la tribu lo hacían?”

Se quedaron mirándose y la mayor me volvió a protestar…

“Pero mamá, es solo una pegatina pequeñita… Eso no hace daño”.

Ahí le tuve que dar la razón con eso, pero todavía me quedaban unos cuantos datos que contarles…

 

Incrustaciones en los dientes

Luego pasamos a una de las partes que más les llamó la atención: las incrustaciones dentales en civilizaciones antiguas. Aquí es donde empezaron a entender mejor el paralelismo con lo que querían hacerse.

En culturas como la maya, por ejemplo, se incrustaban piedras preciosas en los dientes. Jade, turquesa… materiales valiosos que se colocaban directamente en la superficie dental. Lo más curioso es que lo hacían mediante técnicas bastante avanzadas.

Aunque aquello era impresionante para su época, tampoco era saludable y tenía sus consecuencias. Esas técnicas seguían implicando perforar el diente. Y perforar un diente nunca es algo inofensivo.

Ahí me volvió a replicar, que solo era una pegatina… Y le dije que tuviera paciencia, porque luego le explicaría porqué era malo lo que querían hacerse.

 

Lo de ahora no es tan diferente como parece

Hoy en día no se perforan los dientes para poner brillitos, ni se liman…. Pero para que esos brillos aguanten en el diente, con la saliva y todo eso, hay que ponerles un pegamento especial. Ese se pega al esmalte.

Los dientes no están hechos para que les pegues cosas encima. Tener algo constantemente ahí pegado mientras comes y masticas no es bueno por varias razones:

  • Puede alterar la superficie del diente
  • Favorecer la acumulación de placa y residuos
  • Dificultar la limpieza, porque evitas frotarte la pegatina
  • Puede también debilitar el esmalte si no se hace correctamente

Todo esto puede derivar en que acabes debilitando la parte del diente donde te pusiste la perlita y es más vulnerable a las caries.

“¿Queréis que, con el tiempo, en vez de un brillito acabéis con un agujero negro en el diente?”

Ahí se me quedaron mirando inseguras. Y, al menos, la pequeña ya negó con la cabeza y me agarró el brazo. Casi tenía la batalla ganada, pero, no estaba tan segura con mi hija mayor, así que tuve que tirar de más conocimientos.

 

Dientes negros en Japón

Esta parte, te lo digo de verdad, fue la que más descolocó a mis hijas. Cuando les hablé de Japón… sí que se quedaron mirándome como diciendo “mamá, eso no puede ser verdad”.

Y sí, lo era. Durante siglos existió una práctica llamada ohaguro, que consistía en teñir los dientes de negro. Nada de tonos marfil, ni blanco roto… de negro intenso. Y no era algo marginal ni raro, era algo completamente integrado en la sociedad. Sobre todo, en la alta sociedad. Esto lo hacían desde el principio por igualar la estética dental. Cuando la gente sonreía, se podrían apreciar como había dientes torcidos, unos más amarillentos que otros o algunos picados. Al teñir por completo los dientes de negro, todas estas imperfecciones y diferencias se ocultaban a la vista y parecía más armónico.

Mis hijas al ver fotos, pusieron incluso cara de asco. “Pero mamá, eso es feísimo”. Y ahí fue donde aproveché para frenar un momento y hacerles pensar. Porque esa reacción tan automática es exactamente lo que demuestra lo que les quería enseñar: lo que hoy nos parece feo o descuidado, en otro contexto fue sinónimo de belleza, elegancia e incluso respeto social.

El ohaguro tenía una carga cultural importante. Representaba la madurez, el compromiso y el estatus social. Y, además, aunque suene curioso, también tenía cierta función protectora, porque las mezclas que utilizaban ayudaban a prevenir la caries en cierta medida.

Pero claro, eso no es lo que nos choca. Lo que nos choca es la imagen. Porque hoy tenemos completamente interiorizado que unos dientes bonitos son blancos, cuanto más blancos mejor.

Y ahí es donde yo ya empecé a hilar lo que realmente quería que entendieran. Les dije: “¿Os dais cuenta? No es que antes estuvieran equivocados y ahora tengamos razón. Es que la idea de belleza y la moda cambia constantemente.”

Lo que hoy defendemos como algo lógico o correcto no deja de ser una construcción cultural más. Igual que lo fue en su momento teñirse los dientes de negro.

Todas las modas han sido y serán algo pasajero. Otra moda de japón durante muchos años fue tener todos los dientes perfectos. Ahora la gente se tuerce los caninos y los incisivos porque ahora se lleva tener una sonrisa “aniñada”.

¿Qué pasará cuando se vuelvan a llevar perfectos? Pues, que esa sonrisa aniñada, ya se verá como algo poco estético y la gente se arreglará de nuevo los dientes…

 

¿La sonrisa perfecta?

Ahora todos sabemos cual es la moda. Solo hay que abrir cualquier red social para darse cuenta… Sonrisas perfectas por todas partes. Dientes blancos hasta un punto que a veces ni parece natural, alineados como si fueran una maqueta, sin una sola imperfección. Todo muy limpio, muy brillante, muy… igual.

Hemos construido una idea muy concreta de lo que es una “buena sonrisa”, y todo gira alrededor de eso. Carillas, blanqueamientos, alineadores… todo enfocado a encajar en ese molde.

Cuando se lo enseñaba a mis hijas, ellas lo veían como algo normal. Como lo deseable. Y claro, es lógico, porque es lo que consumen todos los días. Pero yo ya lo estaba viendo desde otro sitio. Ya no lo veía solo como estética, lo veía como otra etapa más en esa historia de modificar los dientes según lo que dicta el momento.

Si miras las joyas dentales, a primera vista parecen romper con esa perfección que se lleva ahora, porque hace los dientes más originales y personales, pero en el fondo siguen siendo parte del mismo juego.

Es exactamente lo mismo, cambiando el contexto histórico y la variación de la moda… Pero lo mismo.

Lo malo es que antes estos cambios afectaban a un sector concreto de la sociedad, a una población concreta por seguir tradiciones, etc. Ahora, con las redes sociales, basta que se lo hagan los cuatro tontos del momento para que media población mundial lo vea deseable…

Y si estuviéramos hablando de pintarse las uñas o cambiar de peinado, vale… Pero estamos tocando temas que afectan directamente a la salud. Sobre todo, a la salud de personas que no son adultos ni tienen la madurez suficiente como para entender esos cambios.

Pero ya no hablamos solo de los adolescentes y los niños… Hay miles de personas adultas que no se toman el tiempo para pensar en las consecuencias a largo plazo. Solo miran el resultado inmediato. Y, las personas profesionales que deberían frenarlo y tener cabeza, como los dentistas, los de los centros de estética, etc.… solo piensan en el dinero.

 

La peor moda actual

Después de aquella conversación, quise acercarme a una clínica dental, para que las niñas oyeran estas cosas de un profesional. Así que me acerqué a una de aquí de Mataró, UNOVA se llama. Le comenté al hombre lo que mis hijas querían hacerse y les habló largo y tendido sobre lo que yo ya les había dicho sobre el esmalte y las perlitas. A parte, mi hija mayor, ya mas convencida, le preguntó sobre si le pedían muchas cosas para estar a la moda. Él le comentó que no muchas, pero que había muchas personas que seguían otro tipo de modas en las redes sociales y las hacían desde casa.

Nos comentó que la peorcita de ahora era el uso indiscriminado de kits de blanqueamiento caseros. Nos explicó que mucha gente, por querer resultados rápidos, usa productos demasiado agresivos o los aplican mal. Y eso puede provocar sensibilidad extrema, daño permanente en el esmalte e incluso problemas en las encías.

Creo que a las dos les quedó todo bien clarito y se les borró la idea de las perlitas de la cabeza.

 

Lo que les dije al final

Después de todo este viaje. Cuando llegamos a casa, me quedé mirándolas y les dije algo muy simple:

“No os pongáis algo en los dientes que vuestras yo de dentro de diez años os tengáis que arreglar…”

Porque todo lo que uno se haga en la salud, por pura imagen, que tenga consecuencias. Luego la salud nunca va a quedar igual.

“¿Veis como tengo de reseco el pelo?” Les dije y se miraron como aguantándose la risa. “Pues esto me pasó porque yo, que soy morena natural, pensé que estaría guapísima de rubia platino, y estuve años decolorándome el pelo… Cuando ya lo tenía muy estropeado quise volver a mi pelo natural… ¿Sabéis que pasó? Que mi pelo ya nunca volvió a ser el mismo.”

Mi hija mayor me miró con desconfianza y me intentó interrogar.

“¿No lo tienes así porque tienes 40 años?”

Yo puse los ojos en blanco. Las niñas de hoy en día se creen que a una con 40 años le falta poco para llevar taca taca.

“Hay mujeres con un pelo precioso, hasta con sesenta y tantos… Con la edad una envejece, pero las cosas que te haces en el cuerpo pueden hacer que se te estropeen mucho antes o envejezcas antes de tiempo.”

 

Lo que hemos sacado de todo esto

Es muy fácil ver las malas decisiones que pueden tomar tus hijas cuanto apenas tienen 10 años, pero esto me ha servido para examinar también a fondo las mías.

¿Cuántas veces he visto como le quedaba a alguien el pelo, los labios con ácido hialurónico o la operación para tener los ojos más rasgados? Incluso hubo un tiempo que me pensé lo de las carillas dentales…

Lo que nos hacemos en el cuerpo tiene consecuencias y, como el paso del tiempo es inevitable… ¿No es mejor estar más sanos que estar cambiando continuamente por nuestras inseguridades y hacernos daño con eso?

Compartir:

Articulos relacionados

Scroll al inicio